Alexander Balanescu, es el lider de este cuarteto de cuarda rumano, que junto a Kronos Quartet, forman la cabecera de los grupos de música de cámara contemporanea. Empezaron a ser reconocidos cuando comenzaron a hacer versiones de Krafwerk desde sus parámetros.

El disco está dedicado a Maria Tanase, cantante rumana de referencia que falleció en 1967, que llenaba sus letras con apologías etílicas y verdaderas saudades del este de Europa. 


Ya desde el inicio de "Maria T", comenzamos a embriagarnos por esa exaltación de la lírica, de la música con alto octaneje emocional, y "Spotdance", nos lleva de la mano de la Penguin Cafe Orchestra, en una largísima y minimal sesión de cuerdas que te hipnotizan.

En "The young conscript and the moon", la sinfonía te catapulta a un cielo de olores de jazmín, siendo los ecos de Michael Nyman (con quien han colaborado),quien de puntillas se meten en la habitación con el seco ruido del silencio. Maravilloso.

Meten la bateria en "Empty space dance", entre un oleaje de violines, necesaria condena musical para el oyente que ya queda atrapado por este regalo tan magnifico.

Cuando aparece la voz femenina, te puedes hacer idea de lo que podía hacer la desconocida para nosotros Maria T: sonidos del este, tradicción y un universo de melancolía que te pone los pelos de punta ("Turning wheels").

O como en "Moutain call", donde la soprano se mece en una grandiosa tonalidad devoradora, lamiendo el ambiente con su vocecillla subterránea.

Y  en "Wine's so good", parecen una banda de gitanos tristes en una boda de luto, exprimiendo al máximo las dotes vocales, recreándose todo el cuarteto en una sublime región de calma agitada.

Balanescu Quartet nos emocionan, colaboran a la expansión de las otras músicas del mundo, alejadas de ese tan onanista canón de rock occidental, y afilan sus instrumentos para que podamos caer rendidos a gusto por esta mezcla de lo apaciguado de la clásica con el homenaje sentido al universo musical de una región que no para de depararnos sorpresas. Excelsos.