Antes de oirlos pensaban que eran uno de los muchos grupos venidos del Reino Unido con el marchamo de "lo más", compañeros de viaje de Colplay, Oasis, The Killers y otros comparsas nacidos bajo los edictos de los medios británicos.

Nada de eso son The Coral, y su escucha me confirma que hay veces (no muchas, es cierto), que dentro del cajón desastre de bandas de fácil digestión, existen perlas como la de estos chicos de Liverpol.


Sus credenciales las hallamos en temas como "She sings the mourning": psicodelia deudora de The Doors que acaba con marciales toques al final y que reconociendo quienes son sus ídolos, contagian por su frescor no impostor.

También en "Cripples crown" viajamos en el tiempo para con un poco de imaginación ver una buena versión de la mejor época de los Echo and the Bunnymen. The Coral saben componer buenas melodías, acompañándolas de un sugestivo toque de pop naif e indolente ( "So long ago").

En "The Operator", el órgano y la batería trazan un dibujo impactante donde las luces de neón entran por tus ojos formando una nebulosa que agita un especial coctel de riesgo y dulzura. Y en "In the morning" se nos aparecen alegres, vitales, colgados un árbol de acido, poperos pero nunca mequetrefes.

Y para rematar, veo la sombras de unos Sonic Youth enfermos de melancolía retozando en el suelo, buscando golosinas envenenadas en "Come home" y "Leaving today", las mejores del lote.

Un rato agradable esto de oir a estos inglesillos armados con su after-punk de baja intensidad donde han elegido correr buscando flores carnivoras a perderse en la noche de las tensiones oscuras.