Reconozco que ha habido etapas que he sentido un gran desapego por Javier Corcobado. Quizás por su exceso de malditismo, por erigirse (sin quererlo quizás) en lo más underground,  o por hacer discos (ultima época) que patinan desde su inicio ("Corcobator"(1990)).

También reconozco que con Demonios Tus Ojos,(grupo que solo sacó este largo) se gestó uno de los grupos más inimitables y necesarios que hemos tenido por aquí; con grandes músicos e impactantes canciones, y con una intención que se consigue en todo el disco: unificar la suciedad musical y las letras con un estilo que en el año de edición, 1988, era todo una anomalía. 


Porque  este "Demonios tus ojos" es lo que más se parece a la no-wave que se ha elaborado en estas tierras tan poco dadas a rarezas y burradas musicales. Nada más oir "Corazón roto en 2000 pedazos", compruebas lo dicho con anterioridad: ritmos oxidados, olores de alcantarilla vertebrados alrededor de la voz de Corcobado y la presencia del inconmensurable Javier Colis, segregando vomitos que los hace asemejar a los The Birthday Party.

Y si nos paramos en "Adios al pantano rojo", con el saxo de Colís y la lirica del crooner desquiciado retumbando en una bacanal de suciedad y detritus, quedamos espantados por tal exceso.

A reseñar tambien la bateria de Nacho Colis y la guitarra de Javier Almendral, que en "Bar turbulento", acompañan en una letanía desodenada y pendenciera; si. aquí tambien hemos tenidos dignos seguidores del espíritu de New York-78.

La que da titulo al disco, es un blues condenado a la piedad del infierno, revendiendo tu alma por un trago de alcohol, de sexo sin precintar desde las cloacas. Los muros se mueven si pones "Tu voz en la carretera", cargan el espacio de anti-melodías, de desaliento, miedosos de no dar miedo.

Y quizás para mi gusto la mejor, "Bicho salvaje", soterrada agitación con la voz de Javier al límite, empeñado en reinvindicar una fotografía para el recuerdo en la historia en blanco y negro de la creación que daña, que es necesaria para llenar huecos. Espeluznante.

Y "El beso de la muerte" no se anda con subterfugios. Canción de amor en un bar de borrachos crónicos rebuscando en la basura el teléfono para hallar sus olvidados nombres. La banda hace revivir un estilo donde lo que prima es el ruido y la incontención, ladrando desde atril rugidos y desesperanzas.

Javier Corcobado. Tendría que tener su nombre un poco más de presencia en la historiografía de nuestra música. Desde Mar otra vez , pasando por Demonios tus ojos y su carrera en solitario (tendríamos que anular dos aburridos discos que hizo de versiones de boleros y el reseñado en el inicio), no ha parado de edificar un monumento constante de avance contracorriente. "Demonios tus ojos" es un dulce paseo por el averno donde salir indemne es cuestión de mala fe.