A mediados de los 80 nació una banda, Eleventh Dream Day, encabezados por Rick Rizzo (guitarras y voz) y Janet Beveridge (Batería y voz) que puso patas arribas la escena del rock americano, quedando siempre en un segundo plano (la sombra de Rem tapó a multitud de grupos que deberían haber tenido su oportunidad).

"Praire school freakout" es el mejor disco de estos aguerridos soñadores de paisajes de furia y sudor. Ningún "pero" a este álbum. Bueno sí, uno. Que no sea conocido por más oídos sedientos de fuertes huracanes.


Comienzan con "Watching the cadles burn", ardorosos, sin dosificar, cargados de razones para que no pase el tiempo. ¡ Y es que estamos en el año 1988! ¿Por qué ya no se hacen canciones como éstas?

En "Sweet smell", Janet serpentea su voz en un toque melódico justo, encañonándote con energía suficiente para hacer saltar el altavoz de tu cadena. Se atreven en "Driving song" a introducir aires sureños, resignados con valentía a ser las estrellas de tercera fila de los grupos de una generación que ya nadie se acuerda. El rock como tradicción pero con la arrogancia de ir más allá. Hermosa.

Tienden hilos conductores con sus voces en "Tarántula", pop envuelto en una nube tóxica que se enfada por momentos en una turbina de electricidad. ¡Qué aprendan The Strokes y demás impostores!  Se oyen ciertas semejanzas con los compañeros de generación The Dream Syndicate en "Among the pines", trozos de adrenalina envasada al vacío para que te conviertas a su idiario de fuego y devastación.

Rugen los motores en "Throught my mouth" desde el acantilado, con todo los miembros concienciados de que una buena catársis sónica  puede salvar a la música del olvido. Qué bella la voz de Janet en "Beach miner", medio tiempo que te provoca un nudo en la garganta al sentirte en la boca del abismo. Espeluznante.

Luego bandas como Sonic Youth y los próceres del postrock de Chicago Tortoise, han reclamado para Elevent Dream Day su hueco en la evolución de la música independiente americana.

Sí, se lo merecen. En el 2006 sacaron "Zeroes and Ones", donde siguen impasibles su marcha entre el oasis de la no-creación musical de unos tiempos duros, fieles a un estilo, con las fuentes de la creatividad intactas.

Han editado 10 discos en 20 años. Para que más. Mientras sigan contaminando el agua de espejismos de inmensidad guitarrera y cañonazos de rock, todo les está permitido.

Por que esto es rock y lo de muchos, infantil blasfemia que esperemos que la evaluación de los años ponga en su sitio. Imprescindible su escucha para comprender mucho de la reciente historia de la musica americana.