Los amantes del rugir de las guitarras, de la senda bruta de Don Caballero, Helmet, Oxes y sobre todo Jesus Lizard, disfrutaremos de esta pildora de mala leche que nació en el 2002, y que conserva mil razones para que no olvidemos la peligrosidad de la distorsón, la necesidad de la electricidad total.

Giddy Motors son un buen fundamento para continuar con fe en la religión de los ritmos sincopados y las gargantas desfondadas por el auillido de la  música subterránea.


Para muestra, el inicio, con "Magmamic",rock acerado, cuerdas que se revuelven en llamas, rock sin condimentos, con los sublimes Jesus Lizard como referencia más cercana. La bateria y el bajo compinchados en un unísono baile agresivo, todo al máximo volumen, al necesario volumen.

En "Hit cap", la trompeta y su jazz libre de asideros te pellizca a mordiscos en un titánico y continuo cambio de ritmo que no te deja en paz. Osan acercarse al blues en "Bottle apener", descarnados, gritones, algo más lentos, pero sin perder peligrosidad.

Y es que estos discos donde prima lo salvaje sobre los detalles nimios, son una autentica bocanada de aire limpio ante tanto travestido sonidos de pasarela mustia.

Porque aquí no hay tregua. "Sassy", es rápida y fogosa, y en "Venus medasllist" componen una extraña balada comandada por un violín que se retuerce en un alambre con final previsible: el vacío.

Para acabar, "Whirled by curses" lo mejor del lote, Shellac se divisa entre esos fríos riff enfermizos, en una bomba que te estallará en los oídos para que puedas despejarlo de tanta blandenguería inutil.

Bravo por Giddy Motors. Cuanto se echan de menos estos leñazos sin concesiones y que producen un placentero bienhestar en tu cabeza.

Por cierto, Steve Albini fue quien dirigió a esta orquesta neurótica desde el caos de las profundidades. En 2006, sacaron "Do easy". Que nadie pierda la ocasión de extraviarse en la corta discografia de estos barriobajeros muchachos.