El padre del punk, el viejo Iggy Pop, sacó en 1982, uno de los mejores discos que su dilatada carrera ha producido. Lejos de las colaboraciones con Bowie en sus dos más reconocidos álbumes, "The idiot"(1977) y "Lust for life"(1977), "Zombie birdhouse" es la respuesta experimental de la iguana en un compendio de brillantes canciones.

Empezando por "Run like a villain" punk medio industrial explosivo y telurico, o "The vilagers", oscura, maquinal y minimal, se agradece todo esta vacación emotiva por lo menos radiable de los ochenta.


También se saca de la manga en "Angry hills" su pop chalado, mecido por su voz de iguana, hit para noches desconsoladas, y que recuerda al Iggy más amable.

Pero aqui hay poco de eso. "Life of work" es angustiosa e intransigente, moderaramente ruidista, y que casa a la perfección con "Ordinary bummer", balada de la casa regodeándose en un baile de sombras chinescas.

También el afterpunk hace su aparición en "Eat or de eaten", urgente y dando miedo con esos requiebros de voz tan caracteristico, y en la mejor de todas "Street crazy" donde nos hace remetir a PIL. Funk mutado, reptante y de dificil asimilación. Brillante.

Para la historia una gran colección de temas, que quizás debieran haber sido más publicitados por el bien de millones de oídos escrutadores de la verdadera esencia de este lagarto con infinidad de pieles; algunas para degustar a sorbos, algunas para dejar de lado, y otras como en este "Zombie birdhouse", para escuchar con orgullo en nuestro personal viaje en el tiempo buscando gemas escondidas que no hay que olvidar.