Una de las voces más hermosas que jamás se ha oído en el mundo del rock se silenció en el Missisipi en el año 1997. Antes, Jeff Buckley nos regaló un disco, "Grace" (1994) que es obligatorio tener en cualquier discoteca que se precie inteligente.

Rock, densidad, lirismo, y una garganta que conmociona y pone los pelos de punta cada vez que los surcos de los temas se expanden por la habitación. Un portento de artista, una perdida irreparable.


"Sketches for my sweetheart the drunk", está compuesto de dos discos. El primero, es el que debiera haber sido su segundo lp (y en el que voy a centrar la crítica), y el segundo, que es una recopilacción de demos y pruebas que sugieren más que impresionan, por su caracteristica de boceto. Aun así de escucha recomendable.

Comienza el CD 1, con "You and I", sobrecogiéndote, con la voz de Jeff sobre un fondo mínimo instrumental (¿realmente hay algo más aparte de su presencia). Recogida, misteriosa, solemne, liturgica, para echarse a temblar.

Buena continuación al mencionado "Grace". En "The sky is a landfill", las guitarras se llenan de palabras que tiritan, mandando el rock incendiador de corazones.

Y es que no hay momento donde poder dejar por unos segundos de emocionarte. En "Everybody here wants you" se atreve con el soul, en una maravillosa y delicada pieza que clama un gran aplauso de corazón. ¿Alguien se ha preguntado como habrían pasado los años por el juglar melancólico? Siempre se quedará en un enigma indescifrable.

"Yard of blonde girls", es un pequeño himno casi grunge, llevado a voluntad por las cuerdas vocales explosivas del hijo pródigo (Tim Buckey tuvo la fortuna de ser el padre de un ángel). Y  "Morning theft" es una bella y tranquila balada que se agazapa en una sensualidad que contamina tus sentidos de arcoiris.

Para terminar, "Vancouver", casi la mejor, ruda y potente, decidida y cargada de electricidad. En el CD 2, se dan segundas lecturas temas que aparecen en el  1 ("New year's prayer" o "Nightmares by the sea") y experimentos en miniatura que si bien no dejan de mostrar la maestria de Buckley, se quedan en segundo plano tras las diez canciones oidas al principio.

Tras su muerte vendrían directos afortunados ("Live a L'Olympia" (2001)) y recopilaciones solo para los muy fans ("Songs to no ono 1991-1992). Nada iguala a "Grace" y a este "Sketches...", testamento de un artista que como al ave fenix resurge tras su muerte cada vez que ponemos un disco suyo.