París. Diciembre del 79. La sala se llama "Les bains bouches". Joy Division sobre el escenario dispuestos a atemorizar al publico que seguramente abarrotaba el local. Algo así debió de pasar. O por lo menos oyendo el disco es la impresión que da. Ian Curtis, cantante y lider, cuyo suicido pasó a engrosar la lista de los mitos que en la muerte buscada logran entrar en el parnaso de lo imperecedero, aquí se muestra contundente, oscuro, violento, como el sonido de su grupo.

Curtis y sus famosos ataques epilépticos, llevados a escena, metáfora de una intensidad cruel. Con ellos el termino after-punk, tuvo sentido, y la desbordante fiereza que mostraban en sus discos ( para la historia, "Unknown Pleasures" (79), "Closer" (80)), se ve en este disco duplicado por unas canciones que dan miedo. "Transmission", la famosa "Love will tear us apart", o "Dead soul", aun se pueden hoy escuchar y sentir las colvulsiones de su tenor macabro.


Los que hoy tratan de seguir este estilo salvo raras excepciones (Interpol), no llegan ni siquiera a acercarse al pavor que despertaban los de Manchester. Este documento sonoro nos los muestra en su mejor momento, regodeándose en la angustia, con ritmos enfrebrecidos, con la resaca del punk aun en sus musculos, áridos, compinches de la oscuridad. Los que quedaron del grupo tras la disolución crearon New Order, enfocados más a la pista de baile. Pero eso es ya otra historia.

Ahora toca disfrutar de los ecos violentos, del bajo llameante, de la vibrante voz de Curtis, de la guitarra de Bernard Summer... De verdad que es un miedo hermoso esto de volver a penetrar en "These Days" y desflorar en una noche de otoño a la última flor de la primavera.