Han vuelto Los Planetas y con ellos la manada de defensores y detractores que arrastran desde su lejano nacimiento con el enorme "Super 8"(1994). Que si son ñoños,que si son la mejor banda del orbe...Y es que no tenemos punto medio. Se nos presentan trayendo el  flamenco a su terreno pero sin perder las señas de identidad. Ya Lagartija Nick-Enrique Morente, parieron el indispensable "Omega", donde se unían la tradición con la fiereza de otros granadinos explendidamente ruidosos. Aquí J. y compañía nos muestran nuevas maneras de ser los mismos con ingredientes distintos. "El canto del bute", es la primera muestra: sustituyen las palmas por la tensión eléctrica que rebosa en un jardín jondo pero modernizado para la ocasión.

Y es ahí donde Los Planetas consiguen lo que buscaban: dejar de perderse en una actitud de temas clónicos de dolor y abandono, para adentrarse en un mundo en un principio sin conexión con el rock, pero que aquí se confabula con él para expresarse mediante los ornamentos de fábrica en un laberinto de llanto y emoción. "Si estaba loco por ti" son los de siempre, pero esta ver sus muros de guitarras son acompañados por una psicoledia de manzanilla, También en "Reunión en la cumbre" salva por excelencia planetaria que podría haber aparecido en "Una semana en el motor de un autobus" (1998),  y que se da la mano con "Ya no me asomo a la reja" cuya dificultad de arranque acaba dejando paso a un caos de distorsión.


Ya en ese grupo fantama que crearon para parecer como los folkies de las Alpujarras, "Grupos de Expertos Solynieve" (2006) se intuía hacia donde iban a virar. Se han embadurnado de palos del flamenco para reconquistar su espacio perdido por la lasitud de su propuesta. Con ellos nunca se deja de parecer adolescente, tarareando briosos gritos de ánimos colvulsivos. Como en "Negra intención" donde escuchamos al cantor sedado armado de cirios de penitente ignorante . Y como en todo buen disco de Los Planetas, no falta su himno generacional, "La que vive en la carrera", más carne de single sin perder la calidad. Los Planetas siguen siendo los niños mimados de los críticos, venerados por las huestes púberes y por los veteranos de las lides independientes; para otros son la prueba fehaciente de la monserga bobalicona de una corte de engreidos artistas.

Nosotros pedimos melodías y recibir emociones. Sólo nos importa eso. Morente en "Tendrá que haber un camino" quizás anuncia en su título lo encrucijada donde se hallan después de habernos deleitado con esos acordes de sobremesa y vinito sucio. La verdad del invento radica en lo creible de la colisión de dos mundos que se fusionan para devolvernos la fe en la posibilidad de degustar una suculenta orgía de sonidos que en la mezcla tiene su carta ganadora. Que otros sean los que les critiquen.