A finales de los 70, en New York, la new wave con Blondie, Talking Heads o Pretenders, se hacía con las riendas de la escena. Alegres, festivos y hedonistas, contagiaban al personal con dosis de caramelos pop bien manufacturado. Contrarrestando esta corriente, nació la No Wave, basada en una fusión de funk mutante, jazz, ruidismo, cloacas y ansiedad.

Mars, Teenage Jesus (comandados por Lunch), DNA,y  James White entre otros, apedrearon al pop construyendo un infierno dulce de temas que huían de la levedad del momento.Lydia Lunch fue la musa. Y la musa continua fumando entre las sombras. "Hancover Hotel" con su spoken word (conocidos sus habituales conciertos-recitales), jazzistica, arañando con la escobilla a la batería que bosteza.

Su voz seduce y arrebata. Y no baja el nivel en todo el álbum. La que da título a la obra  nos arrastra con su saxo doliente, pegajosa, sudando gotas de averno. Apabullante como "Johnny behind the Deuce", sacada de un film de cine negro, con los vientos a toda velocidad, llevando a la sacerdotisa a un manantial de cielo devastador.


Escuchando discos como éste puede uno calmar un mal día inundándolo de peligro. "I love how you", con su hip-hop de suburbio sangriento nos vuelve a dejar sin palabras; Lydia Lunch nunca será una chica Prince. La que más no recuerda al 78, es "Touch my evil"·, abstracta, sensual, dejando el cabaret por un duelo de botellas vacías.

Y lo mejor del lote "Sway", una tormenta excelente, la sala se oscurece y vienen los malos. Jazz desquiciado con un trago de Truman Capote. Y no deja de sorprender cuando en "Blame", acompañando al climax, introduce soniquetes latinos. ¡Qué pasada!Y asi hasta  la que pone fin a esta epopeya, "Hot tip", ya sin resuello, esperando al sueño para desear que esto siga siendo una bonita pesadilla.

Deberían ser más asiduas maravillas como ésta que nos penetran en los tímpanos, contaminándonos con la lascivia y el frenesí de una música provocadora que reconcilia, que te hace sumergirte en un pozo de pecado. La sirena que encalla en el exceso para no irse jamás. Sobresaliente.