M. Ward compuso en "Transfiguration of Vincent" un cálido homenaje al folk, el country y el rock de la vieja America. Su manera de enfocar las canciones, huyendo de posibles hits y concentrándose en una elaboración sensata de la tradición, hace que nos paremos con simpatía en él.

Porque si en "Transfiguration=1" parece sacada de un fonógrado de los años cincuenta, con su country corroído y desangelado, "Sad song sang", podía haber acabado en lo más alto de una posible lista de exitos indie de aquel 2003.


En "Undertaker" nos maravillamos con su folk noctámbulo, y  "Duet for guitars=3", es terciopelo de caramelo en tu boca, riesgo y querencia a transitar por el lado menos amable de un universo de porcelana.

Se nota que el jefe de Giant Sand, le saco del anonimato a este M. Ward. También las influencias evidentes que van de Wild Oldham a Wilco.

Como anectoda una anti-versión: el "Let's dance" de David Bowie que aquí no hay dios que reconozca. Buen disco, de un "cantautor" especial, que se ha merecido un rinconcillo en nuestra estantería de cd dedicados al buen folk acariciador.