Chris Cole fue compañero de correrías de Matt Elliot en Third Eye Foundation, grupo formado en la mitad de los 90 y que dejó obras tan importantes como "Ghosts" (97), y  "You guys killed"(98), donde el ambient y el drums'n'bass oscuro tapizaban un arcoiris lleno de catarsis frágil. Ahora, con Manyfingers, y haciéndolo todo él solito,  Chris Cole ha dado otro gran paso constituyendo un disco repleto de emociones y bellas aristas. En "No opeba", con guitarra, acordeón y clima neoclásico desata una verbena espectral cercana a Yann Tiersen (recordar Amelie).

Cole nos ofrece un abanico de posibilidades todas interesantes. La canción que da título al largo, el piano se erige como incontestable protagonista para acabar en una sinfonía donde la pasión, el ritmo increscendo, y el lirismo siembra en nuestros oídos frutos mortecinos. Una delicia de principio a fin. Es la levedad y el saber poner las cosas en su sitio. Referencias a Bowery Electric y al post-rock menos aburrido abundan en todos los surcos. "A Remark" es una batalla de nieblas con unos minimales teclados que cortejan a una fusión de sonidos acariciadores, jazz en una ciudad dormida.


"Tsunami", con su flema bohemia, trompetas en el entierro, banda sonora de lobos sedientos. Nos da un respiro con "Some shields" donde los vientos se desangran en medio de una sima. Qué maravilla que no hay que perderse. Y así navegamos con la sibila en algún que otro tema, comprimiendo el hierro viciado de un invierno fertil y percibiendo influencias que van de Bark Psycosis a unos Mogwai cansandos de ser bombas sonoras, jubilados en un balneario de lirios.

Hay veces que los adjetivos se quedan cortos para convertir una crírica en una oda a la belleza. El hombre orquesta ha conseguido lo que ansiaba. Nos queda con la miel en los labios, borrachos de tanto rumor malsano, agradecidos de este grato rocío.