Hasta Amsterdam se fue Omar Rodriguez, guitarrista de The Mars Volta para grabar este conjunto de canciones con nombres impronunciables.

"Een ode dan co van der eslken", inicia el viaje, como una pequeña especulación rítmica que nos introduce a "Regenbagen stelen van prostitugei", torrente de jazz-rock, donde el saxo, y la guitarra de Omar se sacuden nerviosamente, haciendo recordar al Miles Davis de "Bitches Brew".


Las dotes del guitarrista son evidentes en esos diez minutos de jam definitoria de las artes de un instrumentista en constante evolución que en "Jacob van leenepkade", llega a la cumbre.

Casi veinte minutos de envolventes mantra hacia la metafísica del jazz y el groove, con punteos, inflexiones de cuerdas, galimatías en una sesión que renueva el gusto por la honestidad del artista que no se contenta y quiere más.

Si en The Mars Volta, Omar se dejaba llevar por lo progresivo, lo caribeño, o el hardcore, aquí lo que funciona son esas llamas guitarreras, ese swing desde la catarsis.

Aparece el sitar en "Valdelpark bij nacht", acompañado por el saxo, llenando de exotismo tu cabeza, atenuando la tempestad de los otros temas con un sinuoso y envolvente paseo.

Y cierra esta marabunta sónica "Spookrijden op het fietspad", resumen de lo oído, achicando agua al rojo vivo, todo en su sitio. Queremos más obras como estas. Obras que seducen, que segregan furia, que saben a esperanza. Bravo por Omar.