La portada nos pone en aviso de lo que vamos a escuchar. "The teaches of Peaches" fue el tórrido mensaje en forma de primer lp de una canadiense que afincanda en Berlín, nos lleno de minas salvajemente eróticas, y dió el empujón definitivo a lo que se vino en llamar electroclash.

Peaches
es así. Algo que comienza con "Fuck the pain away", (batidora de electrónica guarra, sexualmente peligrosa, repleta de calor y humedad), no puede ser inocente para tus oídos. Y si además continua con "AA XXX", ya sin tapujos,  provocativa, y resoplando gemidos entre una amalgama de teclados y programaciones sinuosas, ya estás perdido. No hay escapatoria. 


Porque tambien sabe hacer canciones punk, como "Rock show", gritando cual PJ Harvey desertando del blues por la nitroglicerina de los clubs. Peaches y  Gonzales, enarbolaron la rebelión de la electronica más informal, más hedonista, (pararse en "Set it off") agita pistas,creadora de escozores en los pies.

Y si llegas vivo a "Diddley my skittle", con la aguja del giradiscos dando paso a un constante ritmo desafiante, depravado, y con la sibila sucia desnudándose ante tus deseos, entonces, no tienes salvación posible.

Y ya te dará igual si te quedas en "Hot rod" y te sientes con fiebre por la metralla de los sintetizados sonidos que echan espuma sin freno.

Total, ya falta poco para llegar al climax, para acabar el disco. Te sentirás atado a una cama en medio del gentío, y sonorá "Sucker", otra punk-song ponzoñosa, que te hará mover en este infernal y agradable harén de estrías musicales.

"The teaches of Peaches" es un buen jarabe, un buen medicamento que hay que tomar con exceso para dejarse llevar por ese pantalón rosa que esconde el mejor secreto de la electrónica más irreverente.