¿Alguien se imagina una discoteca en Saturno? Si esta quimera tuviese la oportunidad de hacerse realidad, el sonido de Pram y "The Moving Frontier", sería un rompepista seguro, un número uno marciano y sideral.

Pram formaron parte de la primera hornada de grupos de post-rock que eclosionó a primero de los 90. Junto a Laika, Tortoise, Moonshake, o Bark Psychosis,generaron un estilo que marcaría a multitud de aciertos y a meras imitaciones.


Lo que hace distinto a Pram es esa facilidad para mediante el lounge, gotitas de jazz y algo de electrónica, sumergirte en mundos imaginarios ("The Museum of Imaginary Animals" (2000) es un ejemplo) o en un cinemascope rodeado de juegos imposibles de luces ("Dark island" (2003)).

"The moving frontier" es la vuelta de su circo particular. Y empiezan con el trapecio en "The empty quarter", hipnótica y asmática, de dificil digestión pero de una brillantez mágica.

En "Salt & sand", abusan con acierto de la eléctronica y de la hermosa voz de Rosie Cuckson para llevarnos a "Iske", minimal, textura arrugadas y los vientos resoplando en una pista de baile frenética. El saxo se hace con el mando.

Algo de Stereolab se puede intuir en "The city surveyor", pero los aleja de ellos sus tonos más bien moderados, y su sonido de juguete describiendo cuentos de imposible recuerdo.

Todo el album se hace interesante porque han querido huir de lo fácil y todas las composiciones tienen un halo de oscuridad que no te niebla la vista, una patina de repetición que es absorvente ("Salva" 0 "Metaluna").

"Beluga" es jazz espolvoreado en una nave espacial que se perderá en su trayecto infinito. Valiosa y valiente. El regreso de Pram es gozo y misterio, es el retorno de los enmascarados que dibujan en la pared extraños odas espaciales para que nuestra mente contemple mundos de fantasía.

Una aventura hermosa y a la vez exigente escuchar a estos bichos tan raros y tan indescriptibles.