A quienes les guste el rock años setenta van a disfrutar con este compacto. Y también a los aficionados de Jagger. Nunca me ha llamado la atención esa forma de hacer basada en exhibir y provocar, en participar en aquello que llamaron "rock clásico de toda la vida". Carne de cañón para gente despistada que se agarra al primer bote para no descubrir nuevas propuestas. Lou Reed y Neil Young tuvieron su tiempo, ¿que són ahora?. La banda de Bobby Gillispie, con los que se inicio eso que algún sesudo crítico llamó el electro-rock con el aclamado "Screamdelica" (1991), vuelven para irritar pero también para acercarse a la barrera de lo simplemente correcto.

Escuchando "Country Girl", con ese alboroto rockista, puro rolling, y "Nitty Gritty", más tics de lengua y carmín, con voces femeninas rellenando espacios, muy poco nos dicen. Peligro. Vuelve el revival. Dejamos todos y metámonos en un bunker con algún disco de Pixies para detener a la barbarie... Menos más que existen "The 99th floor" que parece hecho en el delta del Mississipi; blues suduroso y mucho ron. Y si quieres más; "Were gonna boogie", con ritmos negros, armónicas, peligro de quedar electrocutado.


Es una lástima que ese mimetismo hacia la banda más aburrida del mundo (la del guitarra que dice que se esnifó a su padre, que duro no?) les convierta en una troupe de bufones que bien servirían para tocar de teloneros en homenaje a los años de las momias. Pero aun  queda "When the bomb drops", como Sonic Youth haciendo psicodelia rezando a Doors; en "Little Death" coquetean con Spacemen 3, sacando del armarios los teclados, remiendos para un viaje lisérgico.

Al oír el disco varias veces, queda un regusto amargo. Sí, te lo hacen pasar bien, más cuando la guadaña de las palmadas y los eo eo eo aparecen, es mejor rastrear con el rew lo mejor antes comentado para no morir en un estadio de siameses del grupo con más arrugas del orbe.