No está mal en estos tiempos en los que hasta Esperanza Aguirre le hubiera gustado salir en La Bola de Cristal, reivindicar a un grupo que nació en plena movida madrileña. Fue uno de los tantos que despuntó y se fue esfumando con el paso del tiempo, y que siempre se les recordará por aquella mitica canción titulada "El coche de la plas" que aparece en este su primer y mejor disco. La movida, (aparte de estas connotaciones mercantilistas de la que ahora ha sido presa) supuso un cambio, una regeneración, una sacudida cuyo resultado fue la explosión, la génesis de un millar de grupo que con solo el deseo de hacer cosas diferentes, se reunían para resarcirse de tantos años grises de represión moral y cultural.

PVP tuvo su momento de gloria con la canción mencionada (una especie de ska mutante peligroso), pero en su aventura en el espectro musical de la época no fue ésta la única ni mejor de su corta trayectoria. Es el disco un reflejo de lo que bullía en las salas, en la calle, en los ambientes culturales que florecían por cada rincón de la península. Y si hay una palabra que pueda englobar la sacudida que se produjo en la sociedad, y de la cual eran ellos participes,  esa es inocencia. Todos eran inocentes, todos querian provocar, todos querian imitar los cliches que venían del Reino Unido, todos querían ser más distintos, más originales. Al final ,mas que la calidad de los grupos fue la necesidad del grito lo que hizo que fuesen importantes estos dorados años del pop de aquí.


La canción que da título al vinilo, es en mi opinión la mejor de todas ellas. Sus letras eran canto a la juerga y a la vida nocturna, todo barnizado con el espíritu Punk de rebeldía de juguete y alguna pose apocaliptica nunca creible. PVP estuvieron en la hornada de grupos de segunda fila (Decima Víctima, Desechables, Broma de Satan), que se movieron en una liga distinta a la de Alaska y compañía, aunque en esos años todos tenían sus cinco minutos de gloria.  La movida se mantuvo aflote porque era imprescindible demostrar que se podia hacer música sin ser un virtuoso. PVP terminaron engullidos por el eco de su efímero y pequeño triunfo, y sacaron algun que otro boceto de disco, de pesimo gusto ,("Bailio" (87)), dejando de existir al rato para formar parte de la memoria de unos años en los que todo estaba permitido menos aburrirse.