Esto es música clásica contemporánea. Esto es una delicia para los oídos creada por un grupo, Rachel’s, que se forjó dentro de los márgenes del post-rock, aunque lo suyo es otra cosa.

Egon Schiele fue un pintor austriaco expresionista, y este disco sirvió para acompañar una producción de teatro y danza, dedicada a su obra. ¿Qué nos encontramos en esta bacanal de emociones? Aquí todo está construido para favorecer el sueño.


Destacar un tema sobre otro sería injusto. Todos son pequeños dramas instrumentales llenos de pasión tejidos a base de cuerdas, piano y una delicadeza que desborda, que te hace cerrar los ojos e imaginar un rio aireando tus entrañas.

Rachel’s siempre consiguen hacerte sacar una lágrima. Sólo basta recordar “The Sea and the bells” (1996) o su ultimo largo hasta la fecha “System/Layers” (2003).

En estas doce maravillas pulidas por las aristas de la intensidad, te puedes imaginar al artista con su pinceles arrancando de la realidad pedacitos de gloria efímera mediante locos colores.

Subyuga desde el comienzo hasta el final. La catarsis no tiene límite, y asistimos arropados por un murmullo de violines a la estación de los deseos complacidos por el ronroneo del silencio. De escucha recomendada a los que se quieran adentrar en el laberinto de los sentimientos exultantes.