De Mali vienen estes tuaregs que se hacen llamar Tinariwen, cuya  musica esta repleta de emoción, de blues de dunas, de desierto serpenteando por las cuerdas de las guitarras, de una honestidad y de un intenso calor que en estos tiempos que corren es todo una alegría.

El que dirige a estos beduinos se llama Ibrahim Ag Alhabib, y se le conoce otra "profesión" a parte de la de músico: fue soldado y en 1990 encabezó una rebelión tuareg contra el gobierno de su pais. Cambió las balas por la guitarra electrica  y por la recuperación de la memoria musical de su pueblo.


"Aman iman", significa "El agua es vida", y estas doce canciones son una verdadera experiencia de como se puede tratar el blues cuando el oasis y la sed son todo un paisaje, cuando las notas musicales se ven invadidas por la arena del Sahara.

Porque sé que si escuchas "Matadjem yinmixan" y su festivo ritmo trotan, y luego sigues con "Ahimana", con ese coro de mujeres asumiendo el matriarcado del ritmo, sentiras el anhelo de convertirte en seguidor fanatico de su misterioso sonido.

En otras como "Toumast", notarás como si una rueda girasé sin parar, en una minimal secuencia electrica, recogiendo las añoranzas de un pueblo vilipendiando y perseguido, que tiene al desierto como hogar, como lugar donde invocar a sus antepasados.

Y luego si quieres, continua con "Assouf" o "Dwadijen" y te darás cuenta del engaño del concepto occidental de la musica, de que lo verdadero reside en la bondad de una propuesta que encarna valores y no poses para convertirse en lo más.

Tinariwen han actuado en las ciudades más importantes de Europa, y nunca han dejado de sentirse naufragos entra tanto neón y tanta velocidad insana. No, no es posible unir la ferocidad de unos tiempos de colapso con la calma de una tarde entre rugidos de camellos.

Un enorme disco que seguro gustará a los inconformistas que busquen en los arcenes del absolutismo de la musica rock y sus derivados. Y es que hay otras músicas que no necesitan el mecenazgo de tanto crítico listillo.