En 2002 Tom Waits sacaba dos discos: "Blood money", donde sobresalía la faceta ruda y excesiva del cantante de los tugurios, y "Alice", álbum donde predominan la ternura y el romanticismo, el lado más sensible de la bestia.

"Alice" nació para el montaje teatral de Robert Wilson dedicado a la que se perdió en el  país de las maravillas. Y algo de conceptual tienen el conjunto de quince canciones, que en ningun momento decepcionan, y si nos acerca a la vertiente que apareció en las obras iniciales de este grandioso compositor. 


Ya el tema que da título al disco "Alice" dice mucho de lo que vamos a encontrarnos en este viaje onírico: tranquilidad y romanticismo describiendo con tonos suaves a personajes maldecidos por el infortunio.

En "Everything you can think" nos cruzamos con un caberet ambulante que surge mientras la locomotora abandona del pueblo de los solitarios.

Y "Flowers grave" es donde más se nota esa inclinación hacia odas pianisticas, todas de la mano de la voz grave de este gran hombre.

Parece que "Kommienezuspadt", no pega entre tanto sonido suave: nos hace recordar todo lo bueno de "Mule variations", la parte más ruidosa de su producción. Pero no es más que una falsa alarma.

"Lost in the harbour" se ciñe a la estructura de calidez y produndidad, conceptos que predominan en todo "Alice".

Nunca nos ha defraudado Tom Waits. Siempre será la garganta más borracha de la America más subterránea, su cicatriz más incurable. Estoy seguro que Alicia, de mayor, disfrutaria de sus sueños con la banda sonora de este buen artefacto.